Australia: dos buenas razones para soñar a lo grande
Enero 18, 2008

David Nalbandian y Juan Mónaco son los únicos representantes de La Legión que siguen con vida en el primer Grand Slam del año. El camino que les espera y sus verdaderas posibilidades. A medida que avanza la semana y los dolores en la espalda de David Nalbandian no vuelven a llamar a la puerta, el favoritismo regresa sin pedir permiso y se posa sobre los hombros del cordobés, acaso uno de los pocos capaz de ponerle freno a las ambiciones de Roger Federer. El argentino sorteó un obstáculo importante en la madrugada del jueves. Soportó una vez más la presión de enfrentar a un tenista local y despachó a Peter Luczak luego de arrancar en desventaja. Fueron 162 minutos de un partido muy parejo en el que logró ganar los puntos clave, a excepción del cuarto y último set, que resultó lo más parecido a un trámite. El rival le puso esta vez algo más de resistencia. El anterior, el también australiano Robert Smeets, le había demandado 103 minutos antes de entregarse. David sabe que ahora se viene otro torneo en el que será importante encarar la segunda semana con la menor cantidad de tiempo posible en cancha. Con 265 minutos en total, puede decirse que hasta ahora no le ha ido mal, aunque en ese terreno quedó considerablemente relegado por los otros grandes candidatos al título. A Federer le bastaron 155 minutos para terminar con Diego Hartfield y David Santoro (nótese, menos que lo que Nalbandian necesitó para vencer a Luczak), Rafael Nadal superó a Víctor Troicki y a Florent Serra en 249 minutos, en tanto que Novak Djokovic utilizó 214 para vencer a Benjamín Becker y a Simone Bolelli. Claro que estos números causan un efecto muy diferente en cada caso, según los tiempos que demande la recuperación de uno y otro. Pero, en torneos de Grand Slam, el desgaste suele tener sus consecuencias en la recta final. El próximo rival de Nalbandian será Juan Carlos Ferrero. Se enfrentarán el sábado por quinta vez, pero desde el último antecedente, Viena 2005, ha pasado tanta agua debajo del puente que el 2-2 del historial dice poco y nada (hasta se da el caso de que se vencieron en los mejores momentos del rival). El español era un jugador cuando llegó a la cima del ránking mundial (un corto periodo que fue desde septiembre de 2003 hasta noviembre de ese mismo año) y es otro hoy, que está en la puerta del top 20 y que no gana un torneo precisamente desde aquella exitosa temporada. Actualmente es un tenista incluso más completo, aunque resulte paradójico. Lo reconoció él mismo y se lo puede ratificar observando su rendimiento en canchas rápidas, que ha ido en ascenso, cualidad que le valió, obviamente, para ganar en regularidad a lo largo de una temporada. El Mosquito tiene un rendimiento parejo, siempre da batalla y es capaz de todo cuando se sirve de confianza. “Nalbandian es una piedra”, se quita presión. Ya no lo acompañan los flashes de antaño, pero a no confundir. Pico de ilusiónDel otro lado están las esperanzas de Mónaco, que atraviesa el mejor momento de su carrera y casi no bajó un ápice de su nivel desde que ganó el primero de sus tres títulos, en febrero de 2007, en Buenos Aires. Tal vez le falte, para hacer un largo recorrido en un Grand Slam, ajustar detalles que van más allá de la técnica. Cerrar los partidos, por caso. El ejemplo está a mano. Después de un sólido debut ante su compatriota Carlos Berlocq, a quien venció en tres sets en dos horas y veinte minutos, hoy tuvo la chance de hacer lo propio con el norteamericano Amer Delic y sin embargo, inexplicablemente, con dos sets a su favor y 5-2 arriba en el tercero no pudo ponerle el broche. El partido se estiró hasta el quinto set donde el tandilense se impuso por 8-6, luego de pasar por un desgastante tie break en el cuarto parcial. Los números son realmente para lamentar. De haber cerrado el match en el tercero, Pico se hubiera ahorrado algo más de dos horas de juego. Casi un partido completo. Ahora se viene Tomas Berdych, 13º preclasificado. El checo, aunque más joven que el argentino, tiene oficio y habitualmente está en la discusión de los principales torneos. Como contrapartida, es un jugador que se sale fácil de los partidos y le entrega opciones a sus rivales. Basta recordar lo sucedido en el Masters Series de Madrid 2007, cuando estaba set arriba y 4-1 sobre Nalbandian y se fue derrotado. Luego David ganó aquel torneo y extendió su racha en París para cerrar un año tan peculiar como maravilloso. El detalle que acompaña al argentino es que nunca superó, en sus tres participaciones, la segunda ronda del primer Grand Slam de la temporada. El año pasado se fue rápido, en el debut ante Nicolás Mahut. También hay un abismo entre aquel Mónaco y este que ya está 23 del mundo. Esto quiere decir que puede afrontar el partido sin presiones, sabiendo que no defiende puntos importantes. Incluso un triunfo puede garantizarle su retorno al top-20.
Sólo dos argentinos siguen en carrera en busca del trofeo alcanzado hace tres décadas por Guillermo Vilas. Aunque en un escenario muy distinto: ayer con el césped como base de sus consecutivas hazañas (1977 y 1978), hoy con el Plexicushion que nada mal le cae a Mónaco y mucho menos a Nalbandian. Ni el pasto era para las vacas ni ahora está prohibido soñar.
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